miércoles, 18 de junio de 2008

como la vida

Ana se apresuró hacia el ascensor. La puerta estaba a punto de cerrarse. Desafortunadamente, el tacón se le enganchó en la franja vacía que separa el pasillo de la caja metálica. Tropezó y aterrizó sobre un fornido mensajero que sostenía varias cajas en precario equilibrio. La mayor de las cajas se estrelló contra el suelo acompañado de un estrepitoso concierto de cristales rompiéndose. Ana leyó fugazmente el nombre del destinatario del paquete.
-Carlos - dijo a su ayudante- anula el experimento. El material de vidrio no nos llega hoy.

1 comentario:

jugando a ser humanos dijo...

Hola. Muchas gracias por pasarte por mi blog. Efectivamente a veces es tan doloroso recordar que es mejor borrarlo todo, pero claro, esto sólo se puede hacer con los ordenadores. De todas formas no me gustaría borrar todos mis recuerdos bonitos de mi infancia y del resto de mi corta vida.
Pues eso... gracias por pasarte, espero que lo sigas haciendo muy a menudo.
Besos grandes.
Laura