A continuación podeis ver y disfrutar mi primer trabajo científico, como los cánones científicos mandan, publicado en Toxicon. Realmente lleva como un mes y medio aceptado, pero me he esperado para salir en Pub Med ;)
Use of a microbial toxicity test (Microtox) to determine the toxigenicity of Aspergillus fumigatus strains isolated from different sources
Espero que os guste, bueno, primero espero que lo leais.
viernes, 17 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Feos
El viernes terminé un libro bastante recomendable: Traición, el primero de una trilogía (Feos) de un autor llamado Scott Westerfeld. Es un libro para adolescentes-adultos jóvenes, y como yo estoy disfrutando de una segunda adolescencia pues me ha encantado...
El argumento de la historia es bastante simple, como una chica de 16 años se enfrenta a su mundo y crece, y para ello va "traicionando" a todas las personas que le importan: su mejor amigo de la infancia, su amiguísima, el chico que le gusta,... Y digo "traicionando" entre comillas, porque muchas veces no tiene otra opción. Su sociedad la ha educado para que desee algo, lo vea como lo más importante y no sabe cambiar su escala de valores. A mitad del libro, empieza a mentir y traicionar conscientemente, porque ha descubierto otra forma de pensar y vivir, por lo que tiene más referencias y su escalada de valores es la SUYA.
Pero como ya digo, el argumento es sencillo y simplón, lo realmente revelador es el contexto. Se trata de una ciudad del futuro que ha evolucionado para autromantenerse y autogestionarse sin interferir con la naturaleza (todo es sintético y usan energías renovables), además de que los habitantes son muy civilizados y educados, esta es la parte bonita. La parte fea es el porque de que todo sea tan maravilloso: todos se operan a los 16 años, se embellecen para ser perfectos. Alegan que las guerras y las rencillas son producto de qu elos más guapos siempre tienen más ventajas en la sociedad actual. Y deja entrever que ese es el motivo de la ecatombe que exterminó a los oxidados (que seriamos nosotros).
La operación es obligatoria y diseñada por un comité de expertos para que todos los adultos tengan rasgos y cuerpos perfectos, en todos los sentidos. Una limpieza étnica sin precedentes, pues da igual como fueran tus padres, ya que vas a ser homogeneizado. Claro que la operación estética va con un regalito neurológico. La peor de todas las dictaduras, porque ni siquiera eres consciente de sufrir una.
Cuando lo terminé, volví a encender la tele y apareció un anuncio de cremas antiedad, luego otro de un cochazo, luego otro de ropa de marca y luego otro de maquillaje. Salí el sábado y todas las chicas estaban maquilladas y los chicos arreglado, todos divinos, todos bebiendo y desfasando para divertirse. Nos estamos igualando, y me estremecía al mirarme en el espejo de un cuarto de baño y ver que yo era exactamente igual. Entonces empecé a preguntarme cosas tan simple como que es lo que cohartaba mi pensamiento y no me dejaba ver más allá de la cortina...y en ellos sigo, preocupada por un alienamiento difícil de controlar porque no identificas su origen.
El argumento de la historia es bastante simple, como una chica de 16 años se enfrenta a su mundo y crece, y para ello va "traicionando" a todas las personas que le importan: su mejor amigo de la infancia, su amiguísima, el chico que le gusta,... Y digo "traicionando" entre comillas, porque muchas veces no tiene otra opción. Su sociedad la ha educado para que desee algo, lo vea como lo más importante y no sabe cambiar su escala de valores. A mitad del libro, empieza a mentir y traicionar conscientemente, porque ha descubierto otra forma de pensar y vivir, por lo que tiene más referencias y su escalada de valores es la SUYA.
Pero como ya digo, el argumento es sencillo y simplón, lo realmente revelador es el contexto. Se trata de una ciudad del futuro que ha evolucionado para autromantenerse y autogestionarse sin interferir con la naturaleza (todo es sintético y usan energías renovables), además de que los habitantes son muy civilizados y educados, esta es la parte bonita. La parte fea es el porque de que todo sea tan maravilloso: todos se operan a los 16 años, se embellecen para ser perfectos. Alegan que las guerras y las rencillas son producto de qu elos más guapos siempre tienen más ventajas en la sociedad actual. Y deja entrever que ese es el motivo de la ecatombe que exterminó a los oxidados (que seriamos nosotros).
La operación es obligatoria y diseñada por un comité de expertos para que todos los adultos tengan rasgos y cuerpos perfectos, en todos los sentidos. Una limpieza étnica sin precedentes, pues da igual como fueran tus padres, ya que vas a ser homogeneizado. Claro que la operación estética va con un regalito neurológico. La peor de todas las dictaduras, porque ni siquiera eres consciente de sufrir una.
Cuando lo terminé, volví a encender la tele y apareció un anuncio de cremas antiedad, luego otro de un cochazo, luego otro de ropa de marca y luego otro de maquillaje. Salí el sábado y todas las chicas estaban maquilladas y los chicos arreglado, todos divinos, todos bebiendo y desfasando para divertirse. Nos estamos igualando, y me estremecía al mirarme en el espejo de un cuarto de baño y ver que yo era exactamente igual. Entonces empecé a preguntarme cosas tan simple como que es lo que cohartaba mi pensamiento y no me dejaba ver más allá de la cortina...y en ellos sigo, preocupada por un alienamiento difícil de controlar porque no identificas su origen.
sábado, 4 de abril de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
cómo cambian los cuentos..!
La hermosa princesa va de incógnito. Viste unos viejos vaqueros y una camiseta pasada de moda. Camina por Gran Vía con el bolso bien aferrado contra el pecho mientras observa atentamente a todos y cada uno de los transeúntes con los que se cruza. La princesa es morena, no castaña, morenaza, con una melena larga y salvaje que le oculta parcialmente el rostro cuando camina deprisa. La princesa sigue moviendo los ojos rápidamente de un rostro a otro, no vaya a ser que..., frunciendo los labios cada vez con más fuerza, en un gesto extraviado entre la rabia y la resignación.
Las delicadas manos empujan una desgastada puerta que chirría ligeramente al abrirse. Entra esperanzada en su local favorito. Sabe que allí verá al príncipe, un segundo o dos, antes de que sea arrastrado por su comitiva hacia lugares lejanos a los que ella cree que, por ser princesa, no puede ir.
Le ve, apoyado en la barra, sujetando un tercio con sus manos principescas. Se acerca y saluda. ¿Qué tal todo? Bien ¿y tú? Bien. Oye, podríamos quedar un día de éstos, se lanza ella al fin. Sí, vale, llámame.
Acurrucada en el mullido sillón del salón de su casa, la princesa busca de manera compulsiva el teléfono del príncipe en la agenda de su móvil. Con todo el cuerpo vibrando, aprieta el botón de llamada. Hola ¿qué tal? Te llamaba por si tenías un huequillo esta tarde...¿Hoy? He quedado. ¿Y mañana? Vente el sábado, he quedado con los colegas.
Delante del espejo, la princesa observa sus curvas perfectas realzadas con el vestido negro de punto que lleva puesto y las botas de taconazo. Delante del espejo, pregunta en voz alta si está hermosa, si conseguirá que el príncipe se fije en ella al fin. Delante del espejo suspira.
Caminando con paso firme desde Callao a la Puerta de Sol siente cientos de alfileres clavándosele por todo el cuerpo, parte son debidos a los nervios, pero la gran mayoría sabe que son por las miradas golosas de los hombres, de toda condición, con los que se cruza en la calle abarrotada. Se yergue, más y menos segura, mientras acelera el paso: la aguja del reloj está a punto de alcanzar la media. Allí está el príncipe, rodeado de bufones y siervos, de nobleza y clero.
Todos la saludan y la aceptan, excepto él, que tan sólo derrama lentamente su mirada verde acuosa sobre ella. Hola, se aproxima casi al final de la noche. Hola, responde él lacónicamente. Ha estado bien, ¿no? Si...oye, esquiva él, hoy me tengo que pirar pronto ¿por qué no...cazas al dragón...recuperas la reliquia perdida...buscas la hierba curativa mágica...o...nos vemos otro día? La princesa le mira y sonrie. La princesa se pregunta porque puede tener a cualquier hombre menos a él. Como una visión fugaz la princesa, quién es sabia, ha viajado, ha conocido, ha leido, comprende: El principe tiene miedo de que si ella le besa se convertirá en rana. Al fin se gira, valorándo si darse por vencida o ir a cazar al dragón, mientras contiene la carcajada más liberadora de su vida. La carcajada que la libera de la necesidad de buscar al príncipe azúl que no existe porque, al fin y al cabo, ella ha demostrado ser más valiente.
Las delicadas manos empujan una desgastada puerta que chirría ligeramente al abrirse. Entra esperanzada en su local favorito. Sabe que allí verá al príncipe, un segundo o dos, antes de que sea arrastrado por su comitiva hacia lugares lejanos a los que ella cree que, por ser princesa, no puede ir.
Le ve, apoyado en la barra, sujetando un tercio con sus manos principescas. Se acerca y saluda. ¿Qué tal todo? Bien ¿y tú? Bien. Oye, podríamos quedar un día de éstos, se lanza ella al fin. Sí, vale, llámame.
Acurrucada en el mullido sillón del salón de su casa, la princesa busca de manera compulsiva el teléfono del príncipe en la agenda de su móvil. Con todo el cuerpo vibrando, aprieta el botón de llamada. Hola ¿qué tal? Te llamaba por si tenías un huequillo esta tarde...¿Hoy? He quedado. ¿Y mañana? Vente el sábado, he quedado con los colegas.
Delante del espejo, la princesa observa sus curvas perfectas realzadas con el vestido negro de punto que lleva puesto y las botas de taconazo. Delante del espejo, pregunta en voz alta si está hermosa, si conseguirá que el príncipe se fije en ella al fin. Delante del espejo suspira.
Caminando con paso firme desde Callao a la Puerta de Sol siente cientos de alfileres clavándosele por todo el cuerpo, parte son debidos a los nervios, pero la gran mayoría sabe que son por las miradas golosas de los hombres, de toda condición, con los que se cruza en la calle abarrotada. Se yergue, más y menos segura, mientras acelera el paso: la aguja del reloj está a punto de alcanzar la media. Allí está el príncipe, rodeado de bufones y siervos, de nobleza y clero.
Todos la saludan y la aceptan, excepto él, que tan sólo derrama lentamente su mirada verde acuosa sobre ella. Hola, se aproxima casi al final de la noche. Hola, responde él lacónicamente. Ha estado bien, ¿no? Si...oye, esquiva él, hoy me tengo que pirar pronto ¿por qué no...cazas al dragón...recuperas la reliquia perdida...buscas la hierba curativa mágica...o...nos vemos otro día? La princesa le mira y sonrie. La princesa se pregunta porque puede tener a cualquier hombre menos a él. Como una visión fugaz la princesa, quién es sabia, ha viajado, ha conocido, ha leido, comprende: El principe tiene miedo de que si ella le besa se convertirá en rana. Al fin se gira, valorándo si darse por vencida o ir a cazar al dragón, mientras contiene la carcajada más liberadora de su vida. La carcajada que la libera de la necesidad de buscar al príncipe azúl que no existe porque, al fin y al cabo, ella ha demostrado ser más valiente.
jueves, 12 de marzo de 2009
Pánico
Sólo me asusté cuando me miró fijamente. Cuando sus ojos se clavaron en los mios con aquella exactitud.
El resto de la sesión había transcurrido sin problemas, como pueden corroborar por mis notas, con mi voz repiqueteando en las paredes de esta habitación, su habitación. Todas las sesiones habían sido una pantomima, ahora me doy cuenta, pero hasta el último momento creí que mi voz era lo que necesitaba: mis vacuos consejos, mis insensibles instrucciones. A veces hablaba y a veces callaba. Aquel día me tocó hablar, le explicaba la necesidad de la socialización, como las personas, por el mero hecho de serlo, necesitamos de los otros, necesitamos contactar con la humanidad a fin de desarrollar nuestras capacidades más elementales. Entoncés levantó la cabeza, por un segundo creí que habíamos avanzado, nunca antes había mostrado interés, siempre había mantenido la cabeza gacha en una actitud taciturna, por eso en un primer instante creí que era un triunfo, aunque lo sigue siendo con un significado diferente, pero entonces sentí el hielo lacerar mi alma. Sentí que me atravesaba un frío intenso cuando sus enormes pupilas me alcanzaron. En ese momento sentí miedo, terror, pánico. No supe reaccionar.
El resto de la sesión había transcurrido sin problemas, como pueden corroborar por mis notas, con mi voz repiqueteando en las paredes de esta habitación, su habitación. Todas las sesiones habían sido una pantomima, ahora me doy cuenta, pero hasta el último momento creí que mi voz era lo que necesitaba: mis vacuos consejos, mis insensibles instrucciones. A veces hablaba y a veces callaba. Aquel día me tocó hablar, le explicaba la necesidad de la socialización, como las personas, por el mero hecho de serlo, necesitamos de los otros, necesitamos contactar con la humanidad a fin de desarrollar nuestras capacidades más elementales. Entoncés levantó la cabeza, por un segundo creí que habíamos avanzado, nunca antes había mostrado interés, siempre había mantenido la cabeza gacha en una actitud taciturna, por eso en un primer instante creí que era un triunfo, aunque lo sigue siendo con un significado diferente, pero entonces sentí el hielo lacerar mi alma. Sentí que me atravesaba un frío intenso cuando sus enormes pupilas me alcanzaron. En ese momento sentí miedo, terror, pánico. No supe reaccionar.
jueves, 5 de marzo de 2009
Mi primera clase universitaria
Si, tal y como lo oyen, hoy he impartido mi primera clase como profesora en la universidad. Algo incongruente teniendo en cuenta que el día 28 fue mi último día como becaria pero... me da igual. Tal cual y como suena porque ha sido guay, fantástico, maravilloso, estupendo,... Me ha encantado, y no sé muy bien por qué. Al principio he estado super-nerviosa, sin saber muy bien cómo empezar, pero luego ha sido fácil, más o menos... porque he ido algo rápida y se ha notado que a veces no sabía que decir, pero les he hecho preguntas: las de teoría tardaban muy poco en contestarlas con lo que tenía que improvisar otras nuevas preguntas, y las de pensar tardaban más, y me ponía nerviosa verlo encogerse en su asiento, asi que les daba pistillas ...mmmhhhh...a lo mejor he sido muy buena...
Pero me he divertido, y creo que ellos también, y que de paso se habrán llevado algo, aunque sea de forma inconsciente. Espero haber contribuido al avance de la ciencia y a la mejora de la práctica veterinaria con estas dos hoars de prácticas de vacunas pero lo que de verdad ansío es no perder nunca esta ilusión, esta motivación y que siempre sea un subidón dar clase.
Pero me he divertido, y creo que ellos también, y que de paso se habrán llevado algo, aunque sea de forma inconsciente. Espero haber contribuido al avance de la ciencia y a la mejora de la práctica veterinaria con estas dos hoars de prácticas de vacunas pero lo que de verdad ansío es no perder nunca esta ilusión, esta motivación y que siempre sea un subidón dar clase.
viernes, 27 de febrero de 2009
III
El Dr. Utrilla mira ansioso por la ventana. El camps se extiende hacia el este, en una caótica sucesión de edificios de muy diferentes formas y tamaños. En el oeste hay un parque descuidado, donde tanto la flora como la fauna han dado un golpe de estado y cogobiernan anarquicamente la pequeña extensión demarcada por la valla metálica.
El doctor observa como una bandada de gansos vuela en dirección a su ventana, para sobrevolar los laboratorios en los que él se encuentra. ¿Ya es noviembre? piensa ensimismado sin importarle mucho la respuesta. Lo que quiere saber es otra cosa y el becario no parece darse cuenta. ¿Dónde diablos se habrá metido? ¿Acaso no es capaz ni de solicitar algunos artículos en la biblioteca?
El doctor observa como una bandada de gansos vuela en dirección a su ventana, para sobrevolar los laboratorios en los que él se encuentra. ¿Ya es noviembre? piensa ensimismado sin importarle mucho la respuesta. Lo que quiere saber es otra cosa y el becario no parece darse cuenta. ¿Dónde diablos se habrá metido? ¿Acaso no es capaz ni de solicitar algunos artículos en la biblioteca?
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