viernes, 26 de diciembre de 2008
La navidad
Las navidades son una época de regocijo y alegría. Parece que la felicidad se esconde en cada rincón para darnos una sorpresa. En las navidades celebramos, reimos, olvidamos, ¿perdonamos?,... Y eso me molesta, no como al seños Scrouch, me molesta en el sentido de ¿por qué tenemos que desplegar nuestro amor sólo en cuatro días? Así no hay manera. Todo un año queriendo y almacenando, y cuando llega el momento se destapa la caja y sale a presión y se arma la marimorena. Porque ya no recuerdas a quien debías besos y a quien abrazos, a quien le prometiste cariño y a quien quieres con locura. Un lío, vamos, por eso desde aquí, exigo la instauración de unas navidades continuas para que podamos mandarnos palabras bonitas sin que te miren raro y desear todo lo mejor a los que queremos, siempre.
viernes, 12 de diciembre de 2008
mini-reflexión
Las montañas rusas son divertidas, emocionantes, imprevisibles, pero siempre te devuelven al punto de partida. Para avanzar, hay que coger el tren, que es previsible y anticipable, pero constante en dirección y sentido. ¿Pero quien se resiste a un chute de adrenalina de vez en cuando?
jueves, 4 de diciembre de 2008
martes, 2 de diciembre de 2008
si es larga y grampositiva: Anthrax
Hoy lanzo una pregunta al aire, ¿es qué CSI no tiene asesor científico? ¿ni siquiera los guionistas tienen colegas de ciencias para preguntarles? Hablando de eso, son mucho peores los conocimientos de los guionistas de heroes, pero eso es otro tema...
Anoche me quedé tan impresionada de lo buenos que son en esa serie que estuve a punto de llamarles para que me echen una mano al cuello...digo en el laboratorio. ¡Qué control! Miran una muestra directamente al microscopio y dicen: bacteria alargada grampositiva, es Anthrax. ¡cómo no existen bacilos grampositivos en el mundo!
Pero a lo mejor era cualquier otro bacilo o un clostridio o un lactobacilo (si, el de los yogures) o una corinebacteria o un actinomyces o.... cualquiera!!!
Este comentario sólo es fruto de que yo tardo meses en identificar el género de una bacteria y sólo lo logro (y a medias) si me dejan secuenciar directamente, que no creo que no haya nadie tan experto como para dar nombre y apellidos a un microorganismo al primer vistazo. Pero si hubiera alguien, me lo pido pa reyes.
Anoche me quedé tan impresionada de lo buenos que son en esa serie que estuve a punto de llamarles para que me echen una mano al cuello...digo en el laboratorio. ¡Qué control! Miran una muestra directamente al microscopio y dicen: bacteria alargada grampositiva, es Anthrax. ¡cómo no existen bacilos grampositivos en el mundo!
Pero a lo mejor era cualquier otro bacilo o un clostridio o un lactobacilo (si, el de los yogures) o una corinebacteria o un actinomyces o.... cualquiera!!!
Este comentario sólo es fruto de que yo tardo meses en identificar el género de una bacteria y sólo lo logro (y a medias) si me dejan secuenciar directamente, que no creo que no haya nadie tan experto como para dar nombre y apellidos a un microorganismo al primer vistazo. Pero si hubiera alguien, me lo pido pa reyes.
lunes, 1 de diciembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
He perdido
A veces se gana y otras se pierde. A veces, no sabes si has ganado o has perdido, porque es positivo y negativo a la vez. Cuando juegas, sabes que te expones a eso. Es el reto que supone. Lo difícil de entender es cuando pierdes y no sabes que estabas jugando hasta que se termina el tiempo, pero peor todavía es saber, una vez has perdido que estabais jugando a dos juegos diferentes, con reglas diferentes y arbitros subjetivos. Eso es lo chungo, cuando pierdes, sin saber por qué ni cómo, aunque si que sabes el qué.
Pues en cierto sentido eso es lo que me ha pasado a mi, he perdido muchas partidas en estos últimos meses, pero la peor sin duda ha sido la última, que no sé si tendrá revancha o no. Me lo tengo que pensar. Hoy por hoy no creo que merezca la pena, aunque si ya lo he dado todo y he perdido hasta la camisa, no puedo perder más.
Y lo curioso es que para esta partida yo pedí las reglas, pregunté: ¿a qué estamos jugando?, pedía actualizaciones constantes de los resultados...y cuando creí que iba ganando...perdí. De repente las reglas habían cambiado, y sin (casi) darme cuenta elegí la opción errada, la caja vacía. Perdí. Perdimos.
Pues en cierto sentido eso es lo que me ha pasado a mi, he perdido muchas partidas en estos últimos meses, pero la peor sin duda ha sido la última, que no sé si tendrá revancha o no. Me lo tengo que pensar. Hoy por hoy no creo que merezca la pena, aunque si ya lo he dado todo y he perdido hasta la camisa, no puedo perder más.
Y lo curioso es que para esta partida yo pedí las reglas, pregunté: ¿a qué estamos jugando?, pedía actualizaciones constantes de los resultados...y cuando creí que iba ganando...perdí. De repente las reglas habían cambiado, y sin (casi) darme cuenta elegí la opción errada, la caja vacía. Perdí. Perdimos.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Sube y baja
Sube y baja. Sube y baja. Sube y baja. Subir y bajar. Arriba y abajo. Ñiii. Ñiii. Ñiii. Ñiii. Monótono. Aburrido. Repetitivo hasta el extremo. Se sucedían los mismos movimientos, idénticos chirrídos, similares expresiones de júbilo y sorpresa, y calcados diálogos, en un bucle largo e interminable.
Al hombre del sombrero marrón aquella escena le hastiaba. Como observador, sólo era consciente de la pérdida de significado de aquellos gestos y emociones repetidas de forma contínua e infinita. Aquel hombre, que sostenía un periódico sentado en el único banco del parque, no podía apartar la vista de aquella constancia aberrante. No le gustaba la escena. De hecho no entendía el juego: dos niños menudos en un columpio, cuyo único propósito era subir y bajar, subir y bajar,...
Pero pese a todo seguía mirando el monótono vaivén, embelesado. Arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo. Miraba las caras resplandecientes de los niños. Arriba y abajo. Escuchaba las exclamaciones de inocente júbilo. Arriba y abajo. Sentía la boba diversión de aquel juego soso y estúpido. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Y como si su mente hubiera sido apresada por un hipnotista, como si sus sentidos y acciones le hubieran sido arrebatados, una genuina sonrisa de satisfacción suavizó sus facciones, independientemente de su mente. Al marge de sus ideas. Allí estaba. Iluminando, radiante, la tranquila tarde de otoño.
Al hombre del sombrero marrón aquella escena le hastiaba. Como observador, sólo era consciente de la pérdida de significado de aquellos gestos y emociones repetidas de forma contínua e infinita. Aquel hombre, que sostenía un periódico sentado en el único banco del parque, no podía apartar la vista de aquella constancia aberrante. No le gustaba la escena. De hecho no entendía el juego: dos niños menudos en un columpio, cuyo único propósito era subir y bajar, subir y bajar,...
Pero pese a todo seguía mirando el monótono vaivén, embelesado. Arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo. Miraba las caras resplandecientes de los niños. Arriba y abajo. Escuchaba las exclamaciones de inocente júbilo. Arriba y abajo. Sentía la boba diversión de aquel juego soso y estúpido. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Y como si su mente hubiera sido apresada por un hipnotista, como si sus sentidos y acciones le hubieran sido arrebatados, una genuina sonrisa de satisfacción suavizó sus facciones, independientemente de su mente. Al marge de sus ideas. Allí estaba. Iluminando, radiante, la tranquila tarde de otoño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)